Un matrimonio entra en la panadería. Mientras ella ojea los pasteles, el marido, con aire despistado, le pide a la dependienta:
—Me pone, por favor, tres funcionarios bien tostaditos.
La dependienta se extraña:
—¿Funcionarios dice?
La mujer le contesta:
—Baguettes, hija, tres baguettes. Es que mi marido siempre se confunde.
Un hombre llega a la puerta del ayuntamiento y le pregunta al guarda de seguridad:
—Perdone, ¿por la tarde no trabajan?
—No: por la tarde no vienen. Cuando no trabajan es por la mañana.